No puedo ocultar mi debilidad por Freud y posiblemente éste sea mi artículo más enrevesado que pueda escribir. Cuanto más intento formarme o cuanto más intento acercarme a los compañeros y compañeras la primera cuestión que surge es…

  • ¿Cognitiva-conductual?
  • ¿Tercera generación?
  • ¿Y si me gustase Freud o todas las corrientes posibles?
  • ¿si abrimos la mente al eclecticismo?

Debates

El caso es que siempre abrimos el mismo debate: – ¿Herencia o ambiente? -. Por ejemplo: la médica Erika Schwartz, en su libro La solución íntima: Lecciones de vida sobre sexo y amor. Propuso la teoría de la existencia del ADN sexual que proviene de los padres y madres. Por otro lado, al ambiente le achacamos la responsabilidad de la educación afectiva-sexual.

Aprender

Según Bandura, somos aprendizaje vicario, es decir, aprendemos a ser aquello que vemos en los demás. Es decir, de aquellos mensajes subliminales de lo que nuestro entorno entiende por amor, sexo, intimidad o afectos. Previamente Freud, ya insistía en la importancia que tienen las experiencias tempranas infantiles en la constitución de la personalidad de un adulto.

Educación afectiva sexual

Hace unas décadas, los padres y madres pensaban que hablar con los hijos de sexo era un mal trago y al final todo se reducía a embarazos no deseados o madres solteras adolescentes, también podemos hablar de la existencia de infidelidad que concluyen con una enfermedad de transmisión sexual, y en consecuencia con una familia desestructurada.

Con el paso de los años, con la abundancia de información acertada o no, complicó en exceso la educación afectiva sexual, añadiendo evidentemente, el estrés originado exactamente por una vida artificial. La interacción de los padres, como se muestran afecto en público o no, como expresan su sexualidad a través de sus cuerpos es mucho más potente que cualquier otra cosa.
Los mensajes subliminales al inconsciente.

Conductas y actitud

Cuando se trabaja la educación afectica-sexual, es difícil pero no imposible, encontrar la conexión entre las conductas de los padres y la actitud de los hijos, cuando hablamos de sexo, el amor o la intimidad. En cierto modo, recuerdo la triangular del amor de Stenberg, que decía que el amor se compone de tres herramientas; compromiso, intimidad y pasión.
Aunque son componentes muy determinantes: la idea de amor, afecto, relación de pareja o sentimientos a una edad temprana: también es cierto que con el paso del tiempo hay variables que pueden cambiar las creencias, y algo que hace mucho impacto en esas creencias y son los medios masas, educadores, terapeutas…

Inconformismo

El caso es que nuestra contribución a la sociedad es quedarnos en la queja, partíamos de la queja de que la sociedad estaba compuesta por un modelo masculino, después pasamos a un modelo femenino y, sin embargo, seguimos en el inconformismo. Es decir, las personas suelen criticar y plantearse, el conjunto de creencias o enseñanza.

Por mucho, que se critique a Freud, sus teorías hoy transformadas en palabras de los revolucionarios, es una copia de lo que el decía en un principio, las experiencias vividas en la infancia pueden ser causa de determinados trastornos sexuales.

A continuación, enumeramos pautas para un aprendizaje afectivo que podrían funcionar:

En primer lugar, que los niños y niñas se críen en un lugar donde haya muestras de afecto y de cariño sincero. Que los padres y madres tanto heterosexuales u homosexuales se besen, se toquen, donde se hable de sexualidad, a medida que los hijos vayan haciendo preguntas y se les despierte la curiosidad.

También sería buena opción trabajar el cuerpo, es decir, no pasa nada si los padres se pasean desnudos por la casa o bañarse con ellos y ellas, es una forma sana de trabajar la normalidad en cuanto al cuerpo. En este caso, lo que se quiere trabajar es un clima de apertura y diálogo, y especialmente, que se respete la individualidad de cada uno y sus gustos, el camino es la empatía y la escucha activa.

Subrayo: a pesar de ello, hay que tener cierta precaución, sobre todo padres con hijos adolescentes, no siempre es bueno contarle o compartir todo con los hijos, especialmente si son adolescentes. Parte de padres y madres insisten constantemente, en contarle las experiencias sexuales a los hijos, con el pretexto de que posteriormente, de que los hijos o hijas te lo cuenten todo. Forzar a los hijos a que te lo cuenten todo es invadir su espacio e intimidad.

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